Pripiat

Al ritmo del viento, que hoy solo es brisa,
bailan mil neutrones en un casco de bombero.
Al lado un oso rezuma guata
esperando que, un siglo de estos,
le zurzan la barriga.

El cine sin proyección, la piscina desierta
y un jardín de infancia que ya no tiene infancia.
En lo alto, una hoz y un martillo aún velan
a un pueblo que hace tiempo
está velado.

Casi todo es silencio, pero a veces lloran
el bosque rojo y el pájaro carpintero
recordando al átomo que quiso escaparse
y que finalmente se escapó
de nuestras manos.

Sal a jugar con los niños
que ya no jugarán en ese parque de arena,
que aún tiene un tobogán y un columpio.
Sigue el Bulevar Lenin, y llegarás
a un corazón que aún palpita.

Si te arde la garganta, pídete una ryazhenka
en el café Pripiat; y conversa con nadie
de lo que no quieras hablar.
Y observa,
observa los cipreses; son los zares bondadosos
de esta tierra de ajenjo.

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