Volví de mi ostracismo
lejano, interior, centralista
y al besar tu suelo
no sabías a tu inocencia de siempre.
Sabías a hollín, a hormigón,
a corbata,
a sucio papel moneda.
Corrí a tu playa:
los granos de arena eran hoteles
los charcos, puertos deportivos
y corrí a la ladera
su verde era gris
sus cuevas eran ventanas
sus pinos eran antenas
sus pinzones, aire acondicionado.
Y subí al Teide
y del cráter brotaba magma
dorado
y criptocenizas
y una tonga de turistas
sacaban fotos con Polaroids
que imprimían la imagen
en los papeles que parió
el último pino.
Y corrí de vuelta al aeropuerto
con mi equipaje lleno de rabia
y se lo tiré y grité
maldiciones a la niebla
que no apareció el día que me fui
ni el día que volví a esta tierra
que me niego a conocer.