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A Medina, Luceño y cómplices

Púdranse
como se pudrieron nuestros abuelos en las camas
de las residencias
Púdranse
como se pudrieron nuestros sueños
asfixiados entre cuatro paredes mohosas
sin ventilación
sin oxígeno
sin libertad
Púdranse
como se pudrieron las retinas
de médicos y médicas
enfermeros y enfermeras
celadores, celadoras
bajo veinticuatro horas seguidas de luz blanca
Púdranse
como el dinero que pudrió tus pantalones
como las mascarillas que pudrieron nuestras bocas
como el tráfico de influencias que pudrió nuestra convivencia
Púdranse
Y que yo lo vea

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